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La educación: un objetivo básico

Por Idoya López Soriano, Héctor Morillo Sarto, Josué Antoñanzas Lainez

"La lucha ya no se reduce a retrasar lo que acontecerá o asegurar su llegada; es preciso reinventar el mundo y la educación es indispensable en esa reinvención" Paolo FreireEn el año 2000 se celebró la Cumbre del Milenio donde participaron un total de 189 países, entre ellos, España. En su Declaración se establecían ocho Objetivos del Milenio con fecha límite de cumplimiento en 2015. Uno de los mismos, conseguir una enseñanza primaria universal.

A día de hoy, y tras la revisión en la reunión de Nueva York del pasado Octubre, la esperanza por cumplirlos es casi impensable.

Actualmente, en el mundo, 72 millones de niños y niñas siguen sin tener acceso a una educación y 775 millones de personas adultas son todavía analfabetas.

A lo largo de los seis milenios desde la aparición de la lengua escrita no se ha alfabetizado todavía de una forma digna. Se entiende que lo básico para una buena educación es alcanzar el límite de la alfabetización como llave que da el acceso ilimitado al mundo de la cultura. Por supuesto que no es la única vía, pero si la más completa, y por lo tanto, la más compleja. Además tampoco basta, si las políticas de alfabetización no se sensibilizan y dirigen también a favor de las personas adultas ya que, si no se consigue alfabetizarlas, millones de personas serían discriminadas y todo ese potencial humano y económico se perdería para siempre.

Se sabe que los países más pobres son los países que mayor tasa de analfabetismo presentan. Esto no ha de sorprender a nadie que sepa que el analfabetismo y la pobreza van de la mano y que el camino para un óptimo desarrollo de un país pasa por la inversión en educación y la formación de las personas con espíritu crítico y carácter emprendedor, que al fin y al cabo son las mismas que han de hacer progresar su propio país, mejorándolo y haciendo mejor a las personas que les rodean diariamente.

Por ello la educación es un objetivo básico en este proceso.

Según la CME (Campaña Mundial por la Educación) los cuatro principios fundamentales sobre los que debe basarse la educación para todas y todos son:

  1. La educación es un Derecho Humano fundamental, indispensable para la consecución de otros derechos. Debemos comprometernos a dar a cada persona la oportunidad de aprender y beneficiarse de la educación básica como resultado del disfrute de su derecho y no de su privilegio.
  2. La educación debe entenderse de manera integral, desde la primera infancia hasta las personas adultas. En 2000 se hizo énfasis en alcanzar esa educación primaria universal y en la igualdad de género en su acceso. Aunque quede mucho por hacer, los esfuerzos y metas conseguidas van en esa dirección.
  3. La sociedad civil es un elemento fundamental para avanzar en el cumplimiento de los compromisos en educación. Su papel es el de exigir responsabilidades a los gobiernos y en contribuir a la puesta en práctica y seguimiento de las estrategias en educación.
  4. La educación para todos y todas debe ser verdaderamente universal. Más del 55% de los niños sin escolarizar son niñas y dos tercios de las personas adultas sin acceso a la alfabetización son mujeres, sin contar con el problema que supone una posible discapacidad, la pertenencia a una etnia diferente y la comunicación en una lengua distinta a la utilizada en la escuela.

La mujer, en el campo de la educación, como en otras cuestiones, padece una discriminación mayor debido a las imposiciones que las confinan en el ámbito privado del hogar y sus labores, encontrando que por cada cien hombres alfabetizados sólo hay 88 mujeres que sepan leer y escribir.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de las campañas de la Ayuda al Desarrollo tienen como principal colaborador a la mujer con un resultado más que óptimo, la educación en su género debería considerarse una verdadera inversión de futuro, máxime cuando para ellas es un derecho doblemente arrebatado: por haber nacido en un país determinado, y mujer.

La diferencia en materia educativa también es notable entre sectores de la población rurales y urbanos. En la mayoría de los casos debido a que los transportes y las comunicaciones son pocos o inexistentes y la necesidad de trabajar desde la infancia no permite la escolarización.

A tenor de lo presentado hasta ahora, el panorama podría ser desolador.

Sin embargo también se han producido importantes avances tales, como que, actualmente, 40 millones más de niños y niñas acuden a la escuela (a pesar de que habría que medir el porcentaje de su asistencia). También las tasas escolares han disminuido drásticamente en países como Kenia, Tanzania, Uganda o Burundi. En Bangladesh tienen el mismo número de niños como de niñas escolarizados. En América Latina el gasto de educación se ha incrementado notablemente y la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) se ha multiplicado por tres desde el 2000, aunque en 2005 disminuyera.

Precisamente, como sabemos, los países considerados como primer mundo que facilitan esta ayuda, se hayan sumergidos en una crisis financiera creada por la propia naturaleza de su sistema y con repercusiones mundiales.

Pero esta coyuntura no puede servir de excusa para olvidar y dar la espalda a la educación y por tanto al futuro de estos países.

Esa creciente presión sobre los presupuestos de los gobiernos del Norte amenaza no sólo con frenar los avances logrados hasta ahora en el Sur en materia de educación, sino también con echar por tierra los logros alcanzados en la última década.

Contrarrestar estas amenazas no requiere sólo un aumento en la cooperación sino una cooperación más eficaz, invirtiendo los recursos disponibles de la manera más inteligente y haciendo hincapié en la educación como un objetivo básico para la consecución posterior de otros logros fundamentales como el camino a un sistema político democrático universal.

Como decía Ernesto Guevara: “Un pueblo sin educación es un pueblo fácil de manipular”.

La Historia es un ejemplo claro de ello. Todos los regímenes totalitarios han impedido e impiden el acceso a una educación libre, invirtiendo sus recursos en fomentar aquellos valores e ideas que garanticen la perpetuación de su propio régimen en el poder, haciendo de la educación un privilegio de unos pocos.

Tanto entonces como en la actualidad, la educación supone una puerta abierta a un mundo culturalmente infinito, donde el intercambio de información y cultura permite la recuperación de la dignidad arrebatada y la formación de un espíritu crítico que sea capaz de observar y transformar el contexto en el que se vive.

Por todo ello se podrían formular algunas cuestiones que invitarían a una reflexión algo más profunda, como podría ser si realmente interesa a este sistema económico y sociopolítico mundial que haya una verdadera y digna educación en los países empobrecidos. Desgraciadamente los intereses de los gobiernos de estos países, en su mayoría corruptos, no van encaminados a una respuesta positiva, que pudiese desestabilizar los pilares sobre los que llevan tantos años sustentando su poder y, mucho nos tememos, que tampoco los de los países del Norte, que han contribuido y contribuyen al enquistamiento de esta situación para su propio beneficio o se mantienen en un discreto e indignante segundo plano.

En nuestro caso concreto, la Campaña Mundial por la Educación cree que la cooperación española debería encaminar sus esfuerzos a dedicar por lo menos un 8% de la AOD a la educación básica, tal y como se comprometió el actual gobierno en el 2008; Continuar impulsando los canjes de deuda por educación eliminando la vinculación de los mimos a la compra de bienes y servicios de origen español, y aumentar la financiación y posibilitar una mayor predictibilidad de los fondos a través de la Iniciativa Vía Rápida en Educación (FTI).

“Somos la primera generación que posee los recursos, el conocimiento y la capacidad para eliminar la pobreza” así que, alejándonos de la mentalidad occidental, tenemos que tener claro que la ayuda al desarrollo en educación no debe imponerse desde el primer mundo, si no que se debe facilitar la creación del germen necesario desde el propio país, fomentando su propia responsabilidad en la cuestión educativa.

En este sentido, el Sur debe asumir también su papel y ponerse manos a la obra:

-Aumentando su asignación presupuestaria para garantizar que el 20% de los presupuestos nacionales y el 6% del PNB (Producto Nacional Bruto) se destinen a la educación y se eliminen toda clase de tasas y costes.

-Incluyendo medidas específicas para que la educación transforme la situación de los sectores más desfavorecidos.

-Elaborando políticas y prácticas destinadas a lograr la igualdad de género a través de la educación.

-Mejorando la calidad de la educación que se reciba garantizando el acceso a las personas adultas a estos programas educativos. Para ello es necesario: pagar un sueldo digno al profesorado e impulsar una clase docente con una buena formación y en continuo desarrollo, pudiendo así obtener una mayor independencia futura consolidando su propia cultura y sabiendo adoptar las nuevas aportaciones de otras.

A falta de cinco años para la fecha límite de los Objetivos del Milenio, no sirve de nada lamentarse por las metas no conseguidas en materia de educación sino trabajar por las que todavía se puedan conseguir.

Así, ahora más que nunca cobran importancia las palabras del pedagogo brasileño Paulo Freire:”La lucha ya no se reduce a retrasar lo que acontecerá o asegurar su llegada; es preciso reinventar el mundo y la educación es indispensable en esa reinvención”.

Fuentes: UNESCO, Memoria 2010 de la CAMPAÑA MUNDIAL POR LA EDUCACIÓN, ONU.

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Comentarios

3 comentarios en “La educación: un objetivo básico

  1. Gracias por vuestro artículo. Documenta muy bien el incumplimiento del objetivo de educación universal. Me parece adecuada la referencia al déficit de acceso de la mujer. La referencia al objetivo del 8% de la AOD para educación, en el marco de la campaña mundial por la educación es oportuna.

    Sin embargo, se echa en falta en el artículo algún ejemplo directo a los efectos de la falta de educación, y su incidencia sobre el subdesarrollo, quizás una comparación de un caso real en España y otro en un país africano que hiciese más visible la afirmación de Paolo Freire que con acierto mencionáis al final de vuestro artículo.

    Publicado por Gerardo | 13 noviembre 2010, 11:22

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