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Situación de los inmigrantes ante la crisis

Por Dolores Puerto, Carmen Gimeno y Antonio Tena

En momentos de crisis como el actual, los extranjeros tienen más probabilidades de perder el empleo que los españoles.  Esta es la principal conclusión de un interesante trabajo del departamento de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid sobre “Inmigración y desempleo en España”. En este estudio se señala que en el periodo de crisis 2008-2009 la probabilidad de perder el empleo para los españoles ha sido del 4,8% y para los extranjeros del 9,9%, esta diferencia es más acentuada entre los varones que entre las mujeres. Paradójicamente sus autores concluyen que no se puede afirmar que exista discriminación laboral en España, porque podría existir una incorrecta medición del nivel formativo de los extranjeros.

Sin embargo, la tasa de paro entre los inmigrantes es de un 30% frente al 17% de paro entre los españoles. ¿Por qué se producen estas diferencias?  La respuesta la encontramos en que los inmigrantes son más jóvenes y están sujetos a mayor temporalidad, por lo que los despidos son más baratos. La antiguedad de los contratos de los inmigrantes es menor (2 años y medio frente a los 8 años de media los españoles) y la formación de los españoles es superior. Además hay una penalización salarial para aquellos inmigrantes que han estudiado en su país de origen. Los inmigrantes trabajan en puestos menos cualificados, como sucede en el sector de la construcción, donde se han perdido 800.000 empleos.

Ser hombre, joven, poseer poca formación y experiencia laboral, tener un contrato temporal y trabajar en el sector agrícola son factores que influyen por igual en españoles e inmigrantes. No obstante la crisis sigue afectando más a los no nacionales. De todas las variables la más significativa es el tipo de contrato. Tener un trabajo temporal, la modalidad de contrato dominante entre los inmigrantes, es lo que conduce más rápidamente al desempleo.

Debemos detenernos a considerar la repercusión social de esta tendencia.

El trabajo es fuente de bienestar psicológico y la principal vía de integración social. Por el contrario las consecuencias del desempleo son devastadoras a todos los niveles.

A nivel psicológico produce deterioro de la salud mental, tendencia a la tristeza, a la depresión y al suicidio, sentimiento de culpabilidad, dificultad para tomar decisiones, alteraciones del ritmo del sueño, pérdida de peso y apetito, trastornos de comportamiento y de tipo antisocial, pérdida de autoestima, mayor tendencia a conductas adictivas y manifestaciones de ansiedad.

A nivel familiar el desempleo produce desestabilización familiar, pérdida de estatus, alteración de la estabilidad emocional de los hijos, violencia y malos tratos.

A nivel económico las consecuencias son el decremento de ingresos y la calidad de vida, la disminución y /o suspensión de las remesas enviadas a sus familiares, las dificultades para pago de hipotecas, alquiles y servicios básicos, el hacinamiento en la vivienda y el incremento del número de los “sin techo”, en su mayoría varones.

Por último a nivel sociolaboral el paro genera economía sumergida sin derecho a prestaciones por desempleo, exclusión social, acoso policial y miedo a la repatriación, aislamiento y dificultades de integración por no conocer el idioma.

Especial incidencia en la crisis que afecta a los inmigrantes, es la ley del retorno voluntario de 2007, dirigida a desempleados extranjeros con derecho a prestación, a quienes se abona la prestación de forma acumulada en dos partes, un 40% en España y el 60% restante en su país de origen. Para ello debe encontrarse en su país 30 días después de haber percibido el primer abono. Existen otras condiciones, como la que le exige no solicitar una autorización de residencia o trabajo en los tres años siguientes a la fecha de concesión.

A esta oferta se ha acogido un número reducido de inmigrantes extracomunitarios, según el informe de Inmigración y mercado de trabajo 2010

La decisión del retorno no solo está afectada por la situación en los países de origen, también lo está por la dificultad para volver a migrar. En la medida en que los controles fronterizos y las restricciones a la inmigración se han hecho más fuertes con la crisis, los inmigrantes son más reticentes a volver a su país porque saben que lo tendrán más difícil para volver a emigrar:

«Los migrantes pueden ser reacios a retornar si con ello pierden el derecho de volver a emigrar al país de destino; en cambio, la posibilidad de emigrar de nuevo actúa como un seguro contra el fracaso del proyecto de retorno en el país de origen y puede incentivarlo» (SOPEMI, 2009: 57).

Las posibilidades de que los inmigrantes observen mejoras en la situación de sus países de origen que los incentiven al retorno son escasas. La crisis ha estado inicialmente protagonizada por los países ricos, los receptores de inmigración, pero también ha afectado a los emisores. La reducción de las exportaciones, el descenso de la inversión extranjera y la reducción del montante recibido por remesas son factores que los han afectado.

Los movimientos de retorno dependen sobre todo de la situación de los países de origen.

Según una tabla del mismo informe, de solicitudes del plan de retorno voluntario, hasta abril del 2010, hubo 11.660 solicitudes registradas, de las cuales, 8.451 fueron aprobadas, 482 denegadas, 2.523 desestimadas y 204 pendientes de resolver.

Reflexiones finales:

La gran mayoría de los españoles, en situaciones de grave crisis como la que vivimos, prefiere beneficiar a un español aunque esto suponga enviar al paro a un inmigrante, cuya situación se ve agravada por la ausencia de una red familiar que haga las veces de colchón.

Lo de “ciudadanos del mundo” que muchas veces pronunciamos, se queda en una mera retórica, un signo del fracaso ético de la raza humana.

Se debe reflexionar a nivel social y político sobre cuáles son las respuestas “personales” y “legislativas” que pueden contribuir a aminorar y mejorar en términos de justicia social estos valores reflejo de un realidad tal vez discriminatoria. En los momentos de “expansión” son  utilizados y en los periodos de crisis son los primeros en pagar las consecuencias.

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